Wednesday, March 24, 2004
Capítulo I
-¡Mamá! ¿Dónde está mi zapato?
-Pues, ¿dónde lo dejaste?
Claro, si Miguel supiera eso no tendría que estar preguntando. El caso es que su zapato derecho no estaba por ningún lado y faltaban cinco minutos para que llegara el camión de la escuela. Resignado, Miguel tomó otro par de zapatos, menos cómodos y menos favoritos, y se fue corriendo a la puerta justo cuando el camión pitaba afuera. (Adentro, en el cuarto de Miguel, debajo de la cama, una cinta se asomaba temerosa. El zapato café, desconfiado, echaba pequeños vistazos con la esperanza de que ya no hubiera nadie.) Si Miguel se hubiera fijado bien, hubiera encontrado una cinta temblorosa mal escondida. Al fin, con mucho cuidado, el zapato café salió de su escondite, sólo para encontrar a su molesto par izquierdo, Sid.
-Ah, ya salió la nenita.
-Ho... ho... hola Sid.
-Bien hecho, tonto. Ahora por tu culpa no podré ir a la escuela.
-Pe.... pero
-Primera y última vez que me haces esto, Café. Es la última vez que me quedo aburrido en el cuarto sólo porque eres un miedoso.
-No soy un miedoso- respondió Café, con una voz inaudible mientras se volvía a esconder debajo de la cama.
Pasó así mucho tiempo pensando y repensando. No le tenía miedo a Sid, pero no le gustaba que le hablara como le hablaba y que lo tratara como lo trataba. En realidad era por eso por lo que no había salido a la calle. A Café le encantaba ir a la escuela con Miguel.
-¿Y si me voy?- Lo estaba pensando bien, cuando vio su oportunidad. La sirvienta entró para limpiar el cuarto con un recogedor y una escoba. Café se aproximó al recogedor y se escondió debajo de una bolsa de papitas, el polvo y unas cuantas hojas.
Minutos después Café cayó sobre un almohadón maloliente y algo húmedo.
-¡Mamá! ¿Dónde está mi zapato?
-Pues, ¿dónde lo dejaste?
Claro, si Miguel supiera eso no tendría que estar preguntando. El caso es que su zapato derecho no estaba por ningún lado y faltaban cinco minutos para que llegara el camión de la escuela. Resignado, Miguel tomó otro par de zapatos, menos cómodos y menos favoritos, y se fue corriendo a la puerta justo cuando el camión pitaba afuera. (Adentro, en el cuarto de Miguel, debajo de la cama, una cinta se asomaba temerosa. El zapato café, desconfiado, echaba pequeños vistazos con la esperanza de que ya no hubiera nadie.) Si Miguel se hubiera fijado bien, hubiera encontrado una cinta temblorosa mal escondida. Al fin, con mucho cuidado, el zapato café salió de su escondite, sólo para encontrar a su molesto par izquierdo, Sid.
-Ah, ya salió la nenita.
-Ho... ho... hola Sid.
-Bien hecho, tonto. Ahora por tu culpa no podré ir a la escuela.
-Pe.... pero
-Primera y última vez que me haces esto, Café. Es la última vez que me quedo aburrido en el cuarto sólo porque eres un miedoso.
-No soy un miedoso- respondió Café, con una voz inaudible mientras se volvía a esconder debajo de la cama.
Pasó así mucho tiempo pensando y repensando. No le tenía miedo a Sid, pero no le gustaba que le hablara como le hablaba y que lo tratara como lo trataba. En realidad era por eso por lo que no había salido a la calle. A Café le encantaba ir a la escuela con Miguel.
-¿Y si me voy?- Lo estaba pensando bien, cuando vio su oportunidad. La sirvienta entró para limpiar el cuarto con un recogedor y una escoba. Café se aproximó al recogedor y se escondió debajo de una bolsa de papitas, el polvo y unas cuantas hojas.
Minutos después Café cayó sobre un almohadón maloliente y algo húmedo.